de orgullo y prejuicio…

no, no voy a hablar de la novela; y tampoco del orgullo LGBT+ y los prejuicios en su contra.

voy a contarles de mi orgullo y de mis prejuicios

apenas tuve una plática que me abrió los ojos, me despertó a mi actual realidad. mi pasado me está comiendo el alma y debo hacer algo para remediarlo, el camino apenas comienza. es un camino de sanación y sé que es largo y (seguramente) doloroso, pero como mi amiga me dijo, debo aprender a disfrutar ese dolor, porque es la única forma en la que verdaderamente podré conciliar todo esto que me está desarmando mental, emocional e incluso, físicamente.

la forma en que fui criada y educada, fue la forma en la que se educa a “todo un hombre”, una educación en la que fallar es equivalente al total fracaso, en la que hay que saber lo más posible; en la que la meta era la perfección de todo lo que hacía, ser el ejemplo perfecto para mi hermano, ser el hijo ideal. enseñada que era demasiado inteligente como para errar, suficientemente sana y fuerte como para hacer cualquier cosa, con todo el talento para todo. me enseñaron a estar orgullosa de “tooooooodaaaaaaas” mis cualidades, y a avergonzarme de mis defectos. a eso, súmenle una formación escolar con un alto nivel de exigencia, una formación trilingüe, una formación con un nivel avanzado de enseñanza y con compañerxs que no perdonaban ninguna diferencia fuera de las convenciones, que no perdonaban la gordura, la fealdad, la ignorancia, o cualquier defecto por pequeño que pareciera. y así hasta los 22.

después, con mi paso por la universidad, aprendí que sí podía ser diferente, pero que venía con un precio; y que dependía de mí aceptar o no ese precio, y con base en esa decisión, destacar mis diferencias. a partir de ese punto pasaron casi 10 años para asumir el precio de mis diferencias, de mi verdadera identidad, de mis sentimientos y emociones; entonces, salí del clóset.

pero como dije al principio no voy a hablar del orgullo de ser trans.

todo eso que les cuento es lo que me construyó como una mujer extremadamente orgullosa, incapaz de admitir que falló, y que se regodea cada vez que tiene la razón por encima de alguien más; una mujer que piensa en que tiene que ser infalible y que cuando ve que no lo es, se frustra y se odia por fallar, que se recrimina por ello y que además culpa al mundo por ese fallo (como si lxs demás tuvieran tiempo e interés de confabular en mi contra). y es ese orgullo, el que tengo que aprender a tragarme; con esto, no me refiero a que no esté orgullosa de lo que he logrado y de lo que podré lograr a futuro; pero sí me refiero a que si fallo, no es el final, que el mundo no deja de girar por ello, que no soy la máxima decepción de lxs que me conocen; y sobre todo, que no está mal fallar, al final, solo soy humana, y no estoy exenta de equivocarme, y que mis defectos son tan válidos como “tooooooodaaaaaaas” mis cualidades. y ese orgullo me lleva a mis prejuicios… como supondrán con tanto, del ya tan mencionado ‘orgullo’, se desprende uno muy, muy grande: no tolerar a cualquiera que no viva de forma que según mis líneas de razonamiento, es el modo “correcto” de vivir. de esa intolerancia, se desprenden muchos prejuicios adicionales; pensar que si no saben lo que yo, son estúpidxs; creer que por profesar una religión (principalmente las judeo-cristianas), son ignorantes; pensar que la razón está por encima de la emoción y los sentimientos; que lo lógico, es lo que tiene y debe de ser; que tener la razón, me hace poseedora del derecho a burlarme de lxs que no la tienen; y el peor, como consecuencia de los anteriores, sentirme superior, sentirme algún tipo de “elegida” que puede salvar a todxs de su propia ignorancia.

¡qué equivocada estoy!

pero gracias a la plática que mencione al principio, mi querida amiga me hizo ver mi error, mi gran equivocación; y aún más, ver que no ese error no es mi final, sino lo contrario, un nuevo inicio. un comienzo en el que voy a romper estos patrones de orgullo y prejuicio, y reemplazarlos por patrones de aceptación y límites; y como ya dije, no va a ser fácil, no va a ser inmediato, y sí va a ser doloroso, pero que, como un tatuaje, es un dolor que elijo y por tanto debo aprender a disfrutar este dolor para que la sanación sea efectiva y duradera, para que la renovación sea efectiva y verdadera. aprender que mi pensamiento debe estar en sintonía con lo que siento y reflejarlo en mis acciones y discursos; que emoción y razón no deben estar peleadas sino sincronizadas, y en control. y lo más importante, que no estoy sola y hay personas que me aman pese a todo, que se vale pedir ayuda, que se vale tropezar y levantarse, que se vale temer, reír, llorar, gritar y/o amar cuando la situación lo amerite.

para mis amigxs que leyeron esto por completo:
sí, voy a necesitar de su ayuda en alguno o varios momentos de este proceso; cuando eso suceda, un favor, sean total y brutalmente honestxs, por favor. pueden empezar por dejarme un comentario ⇓ diciéndome cómo y cuándo les he lastimado (porque seguro lo hice en algún punto, por ello me disculpo) y que puedo hacer para compensarles esa herida. y también, si quieren, vernos para que me disculpe en persona y nos reconectemos.

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enojada…

¿por qué me encabrona tanto? ¿por qué reacciono con tanta ira? ¿por qué si solo se trata de una pendejada, me pongo así, me enojo y me ofendo? alguna vez me dijeron en un curso, que mi peor enemigo, es mi ego; pero la verdad, yo no lo entiendo ¿cómo puede ser que mi ego gane, cuando en mi interior me considero alguien que no importa? mi mente da vueltas sobre qué es lo que me enoja al ver como pasan las cosas que me importan sin que pueda ser participe de ellas, como es que me entra esta impotencia de poder hacer una diferencia.cuando era scout, aprendí esta frase de Baden-Powell (fundador de los Boy Scouts): “deja cada lugar al que llegues mejor de como lo encontraste.”

no siento que lo esté logrando, llego a un mundo dónde la discriminación, el odio y la violencia mandan, y no logro ayudar en lo mínimo a cambiarlo. siento que fallo en mi misión como persona como ser humano.

sobre la transfobia…

este año, a diferencia de años anteriores, el 17 de mayo (día internacional de la lucha contra la homofobia) fue un día cualquiera. después de mucho darle vueltas en la cabeza; me quedan claras varias cosas, pero la primera es, un día al año no cambia las cosas, el odio y la discriminación nunca va a terminar, eso es un hecho; pero la esperanza de que se reduzca al mínimo, esa es  por la que se lucha tooooodo el año. en segundo lugar, no conmemoro ese día porque para la transexualidad esa fecha es vacía; es el día que la homosexualidad salió de los manuales de psiquiatría, pero no la transexualidad.

esa fecha es explicita para las comunidad de hombres homosexuales, caucásicos, cisgénero, de clase media; a los cuales, en una mínima forma se les “dejó” de discriminar, se les comenzó a “tolerar”. pero las demás esferas de la homosexualidad: hombres afro-americanos, hispanos, asiáticos; las mujeres lesbianas, todas ellas, no se les tolera, no se les deja de discriminar, invisibilizar, de segregar.

se habla de privilegios, y la verdad es, muchxs tenemos alguno o varios de ellos; la educación, tanto de casa como escolar; vivir en una ciudad y no en una comunidad rural; tener Facebook en un smartphone, o aunque sea a través de un café internet; tener padre o madre que te reconozcan, o incluso, acepten; todos esos son privilegios que pasamos por alto cuando nos autoglorificamos (como yo, con este texto) al hablar de las luchas por los derechos de las personas y cómo debe o no debe ser dicha lucha.

solo me queda decir que no estoy enferma de la cabeza, no soy un desorden mental en un libro, no soy una atracción de circo o fetiche, no estoy pretendiendo ser mujer, no soy algo más que un simple ser humano.

soy mujer, soy transexual; y sí, soy prisionera de la discriminación, la discriminación que solo conocemos las personas trans, o lxs que no se conforman con el sistema de géneros. se llama TRANSFOBIA.

 

enojada… pero ¿con quién? – o cómo muero de miedo.

desde hace tiempo que no publico nada, y la verdad eso me saca de mis casillas; me frustra, me fastidia, me enoja. pero no es eso por lo que escribo esto (bueno, no solo esto); también porque tengo mucho guardado y es necesario que lo saque.

desde que comenzó el año he estado en una montaña rusa de emociones; por un momento creo que ya calmé todos mis demonios, y al siguiente, me vuelven a atrapar con su red de actitudes negativas. paso de la alegría a la desesperación en segundos, solo basta un suceso fuera de mi control para perder el propio. al inicio de este 2017 descubrí que el poder para permitir o no que las situaciones me afecten está en mí, pero siendo honesta, es un poder que aún no controlo, que aún ni siquiera entiendo completamente; sé que me dirán —no es ciencia de cohetes— o algo así como —no es para tanto—, pero créanme que para mí, sí lo es. en muchas situaciones, emocionalmente simples, lo logro. pero a medida que la situación me resulta más compleja, menos soy capaz de aplicar este poder.

esto lo traigo a colación por lo siguiente: a últimas fechas, me encuentro cada vez más en necesidad de compañía, de pareja, de amigxs que no he visto en años, de aquellxs que eran pero decidieron ya no serlo. sueño todas las noches con ellxs, con mi mamá, con mi yo anterior, con visiones de mi pasado y de lo que podría ser mi futuro; y todo eso me deja con un sabor a soledad que muchas veces me resulta muy amargo para digerir. además súmenle la apremiante necesidad de pagar todo lo que necesito para seguir “sana”: mis hormonas y mis antidepresivos; de pagar mis vicios: café, coca-cola y cigarros; de pagarme transporte, mi ropa, mis cosméticos y otras vanidades. el dinero viene y va, lo sé, pero desafortunadamente vivimos en un mundo que nos encadena a el dinero.

todo esto se ha acumulado en mi pequeña cabeza dura, y especialmente en las últimas dos semanas, que han sido muy, muy difíciles de llevar; tan difícil que el viernes pasado (24 de marzo), respondí de la peor forma a lo que era una simple crítica a mi trabajo, a mi profesión y a mi experiencia. sé que dañé una amistad que no sé si pueda recuperar, desahogué la frustración (bueno, una parte, aún tengo bastante dentro) contra una amiga que ni siquiera me hizo algo malo. te ofrezco mis disculpas por haber sido grosera. la verdad es que estoy enojada… pero no contigo, ni con lxs que dejaron de ser amigxs, no lo estoy tampoco con mis amigxs que sé que aunque no nos vemos piensan en mí y en mi bienestar.

estoy enojada conmigo misma, por haber pretendido ser valiente todos estos años, cuando la realidad es que soy una completa cobarde; sí, una cobarde, porque tengo miedo de hacer cualquier cosa más allá de mi zona de confort, tengo miedo de no ser amada, de no ser valorada; tengo miedo de decepcionar a mi mamá y mi papá, de fallarme una y otra vez; tengo miedo de triunfa; tengo miedo de ser…

vivo con miedo de morir sin darle sentido a mi existencia, y lo peor es que ese miedo… me está matando.

letras y dolor

me doy cuenta de que nadie lee este blog, y lxs contadxs que lo han llegado a leer, lo hacen como esas personas que pasan por una galería de arte como si fuera una carrera contra reloj… y la verdad eso no me gusta. lo cierto es que escribo para desahogarme y no para que se me reconozca, pero me gusta la retroalimentación, me gusta que me escriban un comentario sobre lo que sintieron o si tengo errores de ortografía (eso sería indicativo de que en verdad leyeron) o que si soy una pinche cursi y ridícula… yo sí me releo varias veces.

cada vez que yo releo lo que ya escribí, es increíble darme cuenta que despiertan en mí emociones que pensaba, si no superadas, por lo menos asimiladas; revivo episodios en los que el dolor y la tristeza que constantemente plagan mi mente, son de inmediatos evocadas las peores emociones que he experimentado y siento como un fuerte nudo en mi estomago se aprieta, al punto de casi doblarme de dolor físico y emocional. mi depresión me va a matar. yo lo sé. la cuestión es cuándo y cómo, y muchas veces creo que será de forma dramática y trágica (como soy yo), también sé que ustedes piensan que exagero, y que me tiro al drama y que “hago una tormenta de un vaso de agua”; y la verdad es que no. cada vez estoy más convencida de que si cualquiera de ustedes viviera 1 día en mis zapatos; experimentara la tormenta mental que llevo en la cabeza y sintiera lo que siento, percibiera el mundo como yo, viera la realidad como yo la veo y escuchara las voces de mi cabeza aplastándome con ideas de derrota, rechazo, sufrimiento, miedo, dolor y muerte; la mayoría se suicidaría antes de que pasaran las primeras 12 horas. aguanto más de lo que creen, porque cada día me tengo que convencer de que vale la pena vivir aunque sea un día más, por mí y mi papá (al que se que lo mataría mi suicidio, y no soy TAN egoísta); que debo intentar seguir 24 horas más para lograr acercarme a lograr algo, aunque mi mente me diga que solo fracasaré en el intento; que aún con la pena de no tener a mi madre, a mis abuelas que tanto quise, a esas amistades que se fueron y no volvieron nunca, puedo llegar a ser querida (aunque no como yo pienso) por alguien más; esa es mi guerra, la que peleo día con día contra mi peor enemigo: yo misma.

quiero vivir, al menos eso lo tengo claro; lo que no sé es qué hacer con la vida que tengo cuando lo único con lo que me topo es rechazo y discriminación; o peor aún, condescendencia. qué hacer cuando las personas a tu alrededor no saben nada de ti y dicen que te aceptan tal y como eres; cuando ignoran quién y qué eres, y no se informan ni se interesan por aprender todo aquello que hay acerca de ti y tu ser; cuando la gente te trata mal y lo justifica con un ‘es broma’, ‘no te lo tomes a pecho’, ‘no fue mi intención’, ‘es juego’, ‘así demuestro mi cariño’, mientras esas mismas bromas matan a otras personas iguales a mí. cuando eso me pasa es cuando no quiero seguir, porque prefiero morir por mi propia mano antes que cualquier desconocidx con los medios, prejuicios, miedo e ignorancia me asesine solo porque me crucé en su camino.

las letras que aquí expreso son el reflejo de ese contradictorio miedo de vivir y de morir, leer lo que escribí me recuerda lo peor de mí pero en otra (contadas) ocasiones también lo mejor de mí; me recuerda que tengo un don con las palabras que puedo expresar por escrito lo que muchos hacen con imágenes y sonidos; lo negro, lo blanco, lo gris y lo colorido de este universo, de este mundo, de mi humanidad y de la de todos. espero poder seguir ganando batallas en mi guerra diaria conmigo misma y que lo poco o mucho que quede de mi ser, sea memorable al leer mis letras.

ojalá mis emociones y sentimientos resuenen en sus almas y entiendan que pasa en mi interior.
ojalá mi alma conecte con sus corazones y sientan el gozo y dolor que llevo dentro.
ojalá mi corazón les abra los ojos a una mejor vida.
ojalá mi vida haya valido la pena…