el viaje a la felicidad en 80 o más chochos… pt1

11 de febrero de 2013…
mi primera sesión con la psiquiatra/terapeuta, o como les decimos de cariño ‘la loquera’.

la verdad es difícil aceptar que se necesita ayuda, y más difícil es pedirla; especialmente si padeces de un carácter orgulloso y terco. yo llegué a un punto donde me dí cuenta que estaba tan mal con mis emociones que no podía seguir sola y sin ayuda profesional, porque seamos sinceros los amigos te pueden decir mil y un cosas, pero lo que nos dicen es por preocupación y cariño y esa es una de las razones por la que no siempre funciona lo que nos dicen. el punto de ir con una terapeuta es hablar con alguien imparcial que no tiene ningún lazo afectivo contigo, y que te escucha sin asumir nada, porque no te conoce. así pues comencé mi terapia desahogándome con una desconocida, que está preparada y que no me juzga de ninguna forma y que además me ofrece una herramienta para lidiar con mi propio ser, medicamentos psicotrópicos.

es aquí donde comienza (en sentido muy literal) la diversión… ¿por qué lo digo? fuera de que surtir la lista de medicamentos que me prescribieron fue toda una odisea en la que tuve visitar 6 farmacias para comprar en tres diferentes sólo uno de los medicamentos. pero más allá de eso el martes siguiente empecé con el tratamiento prescrito he de decir que los efectos de estas drogas controladas no se hicieron esperar, comenzando por un estado de tranquilidad extrema donde todo pareciera estar en cámara lenta y mi cuerpo casi olvidara que posee un sentido del tacto; a eso podemos sumar una desorientación casi igual a la causada por otras substancias menos legales y unas náuseas iguales a las de cualquier embarazada en su 3er trimestre. en fin, el caso es que mi primer día en mi tratamiento psico-terapéutico fue una experiencia alucinógena como nunca antes había experimentado; eso sí, fue algo que no olvidaré (aunque quisiera jeje) y que determino mucho el camino que estaba por empezar a recorrer.

4 y 11 de Marzo de 2013…
vinieron las 2da y 3ra sesiones que fueron un poco de cierre con algunas situaciones, cuestionar otras y descubrir que sí, efectivamente estaba de la chingada; que a causa de mi negación acerca de mi depresión perdí gente que quería mucho y que ahora tengo que saber lidiar con esas pérdidas y entender que no siempre se pueden recuperar (aunque nada se pierde con intentarlo) pero siempre podemos recordar a esas personas con cariño y en los momentos que compartimos.

pero no crean que fue menos divertida esta parte del tratamiento que la anterior, ya que debido a un reajuste en las dosis de las medicinas, volví a experimentar en los primeros días del cambio una serie de síntomas parecidos a un pasón de marihuana mezclado con una migraña a medio ser y un poco de cuerpo cortado por un resfriado (échate una combinación ¿no?); y que, a diferencia de la primera vez, el efecto duró casi tres días

continuará…

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